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sábado, 12 de abril de 2008

fui a ver a las gitanas

hace tiempo que no las veía,
las amo desde que eran mis pequeñas enamoradas,
aun necesitan del calor de la palabra.

me leyeron ambas manos y me advirtieron de sus propias mentiras,
eran sol y mar
aunque no lo sabían.



su caballo blanco me mintió,
olían a sudor y tierra, y bebían absenta en la casa cantarina.
que ebrios estábamos y qué mentirosos éramos.
la luna bailó para nosotros sobre el césped cómo alfombra y ni gracias.

me perdí en sus faldas, disfraces sureños color granate,
que en el atardecer florecían y se iban abriendo.
inflorescencia o psudanto que se esconde del sol
y espera la lluvia púrpura en un campo dónde todo está correcto.

haré de mi vida una gran novela de la cual no podré ni escribir el prólogo,
quizá nadie, a excepeción de ellas, gitanas del arte, mundanas bellas, fatales.

martes, 13 de noviembre de 2007

primer mazapan en buenos aires

mi sueño me llevó a una piscina, tal vez a una probática, con algunos rostros conocidos incluyendo precisamente el tuyo. y tú con tu voz, esa voz y tu pálida piel, sencible; piel de niña y tus grandes lentes de sol. te pregunté si aún podías seguir, si aún te quedaba algo de ese combustible que nos hacía vivir como en el 2003, si aún podías conmigo y sin mí, y si yo podía. asentíste y recordé con gusto tu forma de claudicar. recuerdos vienen cómo viene el viento y respiro por ratos, una bocanada por año...

los viernes, ya de tarde, nos concentrábamos en la parte común de nuestros cuerpos, una extensión acústica y compartida siempre con la misma pastilla. (2003)

también recuerdo haberte pedido perdón. si alguna vez lo hecho de corazón, ha sido esa vez, nunca me lo perdonaré, lo siento. (2004)

perdíamos horas tirados en un parque improvisado aprendiendo sobre la vida, aprendiendo a guardar silencio y a reír a la vez, a pararse en la espalda del otro sin hacer doler, sin caer; a aguantar al otro en nuestra espalda sin dolor y sin hacer caer. (2005)

no eres de buenos aires, pero eres parte del paisaje con tu voz, esa voz y tu pálida piel, sencible; piel de niña y tus grandes lentes de sol. que te vaya bien, adiós.